CONSUMO FEROZ.
Primero lo miramos a lo lejos y
le guiñamos el ojo , luego él nos rodeó , no nos dimos cuenta cuando nos
invadió y hoy se nos metió hasta por las orejas y lo tenemos tan metido en
nuestras vidas que hasta se nos hizo transparente y somos incapaces de verlo, parece
ser que ya está en nuestro ADN , por lo mismo es que hoy ya consideramos como
naturales algunos actos nuestros que hasta hace un tiempo atrás hubiésemos catalogado
de tontos.
Hasta hace algunos años por
ningún motivo hubiésemos comprado un producto que como máximo nos duraría uno o
dos años como máximo , por supuesto que no lo hubiésemos hecho, pues antes buscábamos adquirir productos que cumplieran
de buena forma su función y que duraran toda la vida, eso es lo que
considerábamos un producto de calidad. Así las cosas , y por un largo tiempo
,los relojes pasaron a ser parte de la herencia que nuestros padres nos legaban,
también los refrigeradores pasaban de madres a hijas, y así con los
televisores, los aparatos de radio y hasta las bicicletas y la ropa que muchas
veces pasaba del hermano mayor al hermano menor, y nunca nos extrañó ni nos
shockeamos por eso.
Pero los hábitos del híper
consumo en el que estamos inmersos no solo nos han hecho gastar más dinero en puras leseras, sino que también nos ha
llevado a trastocar algunos valores y ha permitido que afloren nuevas formas
que comienzan a regir nuestras vidas, desde ahí apareció la cultura de lo
DESECHABLE, la cual no se remite solo a los objetos, sino que también abarca el
mundo de las relaciones entre las personas , tendemos a buscar un valor de uso
de las relaciones y a evaluar la conveniencia
de estas , echándonos al bolsillo nuestras emociones , no le damos
importancia al cariño por un amigo o un familiar, no le hacemos caso a la guata
que nos dice que cultivemos esa relación y caemos en el efecto calculadora que
nos va dejando la cultura del consumo.
La historia previa al híper
consumo que estamos viviendo en la actualidad tenía un tinte más romántico, nuestra relación
con los objetos comenzaba cuando la futura compra nos seducía , nos cerraba un
ojo desde una vitrina, y pasábamos un par de veces mirando esa camisa, ese
reloj , la cámara fotográfica e incluso el auto ,antes de atrevernos a entrar
al local comercial para pedir que nos lo mostraran, desde ese momento comenzaba
el esfuerzo por adquirirlo, el ahorro por meses e incluso años en que el objeto
se mantenía en nuestra mente , como una motivación , o sea vivíamos la emoción de llegar a ese objetivo y
una vez que lo adquiríamos lo gozábamos durante largo tiempo , lo explorábamos
y luego lo lucíamos ,mientras que hoy el proceso es mucho más corto y diferente,
el endeudamiento nos permite adquirir en
forma inmediata incluso aquello en lo que no estamos interesados, pero con eso
se acabó el romance, se acabó la seducción y por ende la relación con el objeto
nos brinda menos satisfacción, y cuando lo obtenemos es muy breve nuestra
emoción , pues la emisoras de radio , los canales de televisión y los
periódicos utilizan todas sus estrategias para asegurarse que mes a mes
tengamos un nuevo gran motivo por el cual consumir………… la navidad, el año
nuevo, Halloween, el día de la madre, el día del padre, el día de los
enamorados, el día del niño, el día del amigo y muchísimos días más, sin
olvidar las ventas de cambio de temporada , las ventas nocturnas , las ofertas
y liquidaciones….uffffff .
La cultura del consumo motivó la
creación de la publicidad sin piedad, esa que no se cuestiona el dolor que
genera en aquel papá o mamá que quiere complacer a sus hijos y que no tiene los
medios, esa publicidad sin ética que promueve el consumo de productos poco
saludables y que le pone vestimentas de
moda para que todos caigamos en la trampa.........y bueno, caemos, una y otra
vez, y seguiremos cayendo en la medida que intentemos cubrir nuestro vacío
interno con la acción de consumir lo que sea, me atrevería a decir que el
consumo feroz es directamente proporcional al vacío del alma.

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