LA INDIFERENCIA.
Siempre
pensé bien de mi, de las cosas que hacía o dejaba de hacer, hasta que un día
alguien me pidió una moneda y no se la dí, no se la dí porque unas semanas
atrás me había sentido engañado por otra persona que pedía limosna fingiendo
una lesión que no tenía.
Sin pensarlo
decidí castigar a los que me engañaban, y en ese instante no pasó nada, hasta
que un día escuchando una canción me dí cuenta de que había pasado a engrosar
las filas de los indiferentes, las filas de los que se inventan una excusa para
dejar de ver el doliente mundo, no solo el mundo de los mendigos, sino el mundo
injusto regido por el mercado, ese que crea conflictos y arma guerras sin
sentirse culpable.
Debería haberme
sentido pésimo por engrosar las filas de los indiferentes , pero no , primero
mi mente inventó una excusa , una buena excusa que casi terminé creyéndomela,
algo así como que siempre había sido demasiado inocente y que me había cansado
de ser defraudado……….., buen intento, pero el resultado fue el mismo, seguía
estando en el lado oscuro, ese lado que hasta parece confortable, siempre y
cuando tu conciencia esté desactivada, la mia parece que lo estaba, y decidí
encenderla…….no les puedo decir que ahora estoy más feliz ,……. estoy más
melancólico , un poco más en la interna, y me pregunto ¿y no es para eso para
lo que estamos aquí?, ¿para sentir?....si para sentir la amplia y variada gama
de emociones contenidas en cada uno de nosotros.
La
indiferencia nos gana muchas batallas todos los días, vestida de consumismo, de
entretenciones, de banalidades promocionadas por toneladas de publicidad que te
quieren mostrar que tu felicidad es para ti solo y que te la ganas solo, con
eso comenzamos a ser indiferentes con lo que le pasa a quien está a tu lado, y
terminamos sintiendo que nos merecemos todo y que si el resto no lo tiene es
porque ¿algo habrá hecho mal?.....que fácil ese juicio sin fundamento alguno,
solo hecho para calmar a nuestra conciencia.
No quiero ser
indiferente, pero me sigue dando un miedo terrible que se me aparezcan
situaciones con las que empatice y que me arrastren a un continuo
dolor……………bueno, para vencer a la indiferencia lo único que puedo decir es que
no hay una solución sonriente.
Pero es necesario salir de la indiferencia porque como dijo Mafalda, ignorar es una forma de matar pero sin ensuciarse las manos.
Cuan cierto hablar de la indiferencia, quizás no en el sentido de sentirse por sobre el otro si no que el preferir no ser engañados, te cito un ejemplo, en octubre del año pasado un hombre caminaba con una evidente cojera y parálisis del lado derecho de su cuerpo, al cambiar el semáforo… Milagro!!! como obra del espíritu santo sano a vista y paciencia de todos lo que allí estábamos, que decir, solo morder la rabia y el sentirse estúpido, en diciembre un hombre de aspecto normal mendiga por ayuda al perder su brazo mostrando un certificado de amputación del Hospital, con una sensibilidad y empatía a él muchos entregamos nuestra ayuda hasta que de nuevo de Milagro, aparece su brazo para contar lo recaudado, en éste nuevo mundo de engaños y tropiezos quizás la sensibilidad se esconde como tú dices al temor a ser engañados, que el ser indiferentes quizás no es más que una protección a no sentirse estúpidos o si lo quieres decir INOCENTES, el tema, según mi opinión, radica en que o quien debemos confiar o quizás así como en la feria, contar con un casero limosnero el cual nos de la confianza que nunca nos traicionara y saber que realmente lo necesita. La Indiferencia, muchas veces necesaria y otras veces inútil ante situaciones de dolor, que ojo no deben ser ajenas porque en este vaivén de vida la realidad de otro puede ser en algún momento tú realidad. Saludos Amigo mío.
ResponderEliminarGracias Mauricio por tu reflexión, me hace mucho sentido y siento que todos nos sentimos incómodos en la indiferencia, pero al parecer nos sentimos más incómodos aún en el engaño. Un abrazo.
EliminarUff, como siempre muy bueno.
ResponderEliminarSelectivamente cierro mis ojos y bloqueo mis oídos, prohibiéndome sentir. Creo es hora de permitírmelo, al final, como tú señalas, para eso estamos aquí.