UN DÍA PRESTADO.
Los años me han enseñado que el
enfoque con el que veamos las cosas y el
mundo que nos rodea, determina en gran parte nuestras posibilidades de percibir
la felicidad en nuestras vidas o la felicidad como parte de nuestras vidas.
Si nuestro enfoque es tomado
desde este mundo consumista y superficial que nos agobia, lo más probable es
que nos ubiquemos desde una perspectiva en la cual sentiremos que el hoy, y
principalmente el mañana nos pertenece solo por el hecho de ser nosotros, algo
así como que el día de mañana sería un derecho ganado.
Ahora si tuviésemos la capacidad
de conectarnos de verdad con el universo y reconocer nuestra pequeñez, lo más
probable es que tenderíamos a pensar que no tenemos nada ganado y comenzaríamos a sentir la posibilidad
de un mañana como un premio, como un día que nos prestan para ser disfrutado,
entonces lo más probable es que nuestro pasar por el mundo cambiaría
radicalmente, pues se abriría la posibilidad de conectarnos con elementos
fundamentales que creo hemos ido olvidando
en nuestro deambular como humanidad , me refiero a elementos como la
humildad y el gozo por solo nombrar algunos.
Vivir un día prestado me
transporta, o mejor dicho me conecta, con un espacio donde no debiese estar
presente ese mareo que produce tanta generación de planes y la acumulación de
tantos objetos, dinero y pertenencias que hoy hacen nuestras vidas más pesadas,
menos gozosas respecto de esas cosas esenciales que pasan frente a nuestras
narices todos los días, pero que sin embargo se nos han ido tornando
invisibles, como lo son el respirar, sentir la respiración, el aire fresco
(cuando se puede) entrando a nuestros pulmones y entregándonos gotitas de vida
, la magia de caminar, poder sentir la perfección del caminar erguido como
producto de millones de años de evolución, o de asombrarnos del solo hecho de
mirar una puesta de sol. Definitivamente, el solo hecho de pensar que el día
que estamos viviendo es un día prestado nos puede llevar a otra dimensión de la
felicidad, una felicidad que no es para demostrarle nada al vecino, una
felicidad que se siente en ese espacio propio sin límites que es el alma, y
mejor aún , esa felicidad que te abofetea diciéndote que no se hace real si
usas una tarjeta de crédito o si usas o compras aquello que el comercial de la
televisión casi te obliga a adquirir , y que por el contrario , las gotitas de
felicidad no se construyen en contra ni sobre el otro, sino que con el otro,
vinculándose.
Vivir el día como si fuese un día
prestado podría resultar en una experiencia magnífica, que podría hacernos
sentir como el más indefenso de los seres vivos, conectándonos así con nuestra “temida”
vulnerabilidad y sacándonos de la arrogancia de “ser superior” conque nos hemos
acostumbrado a ver la vida y el mundo en estos últimos tiempos.
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