SIGANME LOS BUENOS.
Ayer mientras conversaba con unas compañeras de trabajo
surgió un tema que me quedó dando vueltas en la cabeza y en el corazón ,hablábamos
acerca de la necesidad de sabernos rodeados de gente buena.
En un mundo en que todo lo que nos rodea nos habla de la
maldad y de las trampas, nace en nosotros el deseo de saber dónde está la gente
buena, y con esto no me refiero a gente perfecta, solo hablo de aquellos que no
buscan dañarnos o usarnos como instrumentos para lograr sus propios objetivos.
Las personas podemos equivocarnos y cometer errores y con eso dañar a otros,
pero también podemos intentar repararlo o dejarlo ahí palpitando cuando
consideramos que el intento de reparación podría causar un mal mayor.
La vida y nuestros actos nos hacen transitar por diversos
caminos ,y tal como atravesamos momentos duros, también hay momentos sublimes
en que nos sentimos rodeados de gente que nos quiere y que además lo hace de
corazón , gente que nos demuestra ese cariño. Yo he recibido el regalo de poder
sentir eso y también he disfrutado de la oportunidad de poder entregar cariño a
personas comunes y corrientes que en un momento de la vida requerían ser
escuchadas o apapachadas, y de forma casi mágica han pasado a ser personas
importantes en mi vida, y rápidamente las he comenzado a sentir como si las conociera
desde siempre.
Es que cada día la prepotencia, el maltrato y el
“avivamiento” del mundo actual nos hacen
sentir que transitamos por una sociedad que no nos ve , una sociedad que nos transforma
en seres transparentes. Entonces llega ese momento en el que encontramos a una
buena persona y al superar nuestras propias barreras de desconfianza y temores
recuperamos nuestra propia imagen, nos hacemos visibles y también hacemos
visible a quien está frente a nosotros.
Lamentablemente el sistema en general contribuye a
invisibilizarnos y tiende a convertirnos en avisos económicos que transitamos por la ciudad buscando ser reconocidos por lo
que tenemos y no por lo que somos…….así comenzamos a perdernos hasta que
alguien nos rescata, un ser humano que está disponible a ayudar, o sea un bueno
preocupado por el prójimo.
Sigo creyendo que hay una gran cantidad de buenos que hemos
hecho una pésima campaña de captación de adherentes, y por otro lado un sistema
que pretende hacernos vivir con miedo para que no reaccionemos, ¿entonces como
hacemos el club de los buenos?, no de los que se dan con una piedra en el pecho, ni los que buscan
ser beatificados, solo el club de aquellos que buscamos no dañar a la gente y
ser felices en un mundo más amigable y menos metálico.
Creo que el mensaje está en el aire desde hace harto rato,
pero que lo habíamos subvalorado, creo que es el momento de que nos sigan los
buenos, tal como lo dijo en su momento nuestro héroe a escala humana, EL
CHAPULIN COLORADO.
Estimado Dery, agradezco la oportunidad de compartir esta realidad, cuesta mucho encontrar gente buena, capaz de hacer el bien sin mirar a quien y poner la otra mejilla si así se requiere, Gracias a Dios existen, aun siendo entes en extinción en este mundo devorador, consumidor y de falta de oportunidades para quienes si la merecen. Síganme los buenos, estoy totalmente de acuerdo, un abrazo Juan Carlos
ResponderEliminarEstimado Juan Carlos, te agradezco de corazón que te hayas dado el tiempo de leer mi artículo y compartirme tus hermosos y profundos comentarios. Un abrazo y los mejores deseos para ti.
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